Palabrería
Notaba que las rodillas le
temblaban, quería levantarse inmediatamente, pero aún no era su turno. Se
recolocaba constantemente los cascos de la traducción y miraba curioso al
auditorio que tenía enfrente. La gente sentada escuchaba distraída al
conferenciante que lo precedía mientras hojeaban el periódico o tecleaban
mensajes en el móvil. Para Henry Sarahig, líder campesino indonesio y
representante internacional de Vía Campesina, era buena ocasión para trasladar
sus experiencias y argumentos. Se trataba de una conferencia internacional de
la FAO para resolver el hambre en el mundo.
Para tranquilizarse se concentró
en repasar su intervención que llevaba escrita en un papel. En primer lugar iba
a plantear el tema candente de la situación de los precios de los alimentos.
"Los consumidores de todo el mundo han visto que los precios de los alimentos
básicos se han incrementado dramáticamente durante los pasados meses, creando
unas extremamente difíciles condiciones de vida, especialmente para las
comunidades más pobres. Durante el año pasado, el trigo ha doblado su precio y
el maíz ha subido cerca de 50 por ciento. Sin embargo, no hay crisis
productiva. Las estadísticas muestran que la producción de cereales nunca ha
sido tan alta como en 2007. Los precios se han incrementado porque una parte de
la producción es ahora derivada a agrocombustibles y las reservas globales de
comida están en su momento más bajo de los últimos 25 años debido a la
desregulación de los mercados marcada por la OMC y el clima extremo que han
padecido algunos países exportadores como Australia. Pero los precios también
se han incrementado porque las compañías financieras especulan con la comida de
las personas, ya que anticipan que los precios de los productos agrícolas
seguirán subiendo en el futuro próximo. La producción de alimentos, su proceso
y su distribución quedarán cada vez más bajo el control de las empresas
trasnacionales que monopolizan los mercados".
Y levantaría el tono de voz para
advertir que "no todos los campesinos se benefician de los altos precios.
Los precios récord en todo el mundo de los alimentos golpean a los
consumidores, pero, contrariamente a lo que se podía esperar, no benefician a
todos los productores. Los ganaderos están en crisis debido al aumento del
precio de los piensos, los productores de cereal se enfrentan a agudos
incrementos de los precios de los fertilizantes, y los campesinos sin tierra y
los trabajadores agrícolas no pueden darse el lujo de comprar alimentos. Los
campesinos venden sus productos a un precio extremadamente bajo comparado con
lo que los consumidores pagan".
Después profundizaría sobre la
trágica realidad de los agrocombustibles industriales, que pueden alimentar
coches, pero no personas. "Los agrocombustibles (combustibles producidos a
partir de plantas, productos agrícolas y forestales) se presentan como una
respuesta a la escasez de combustibles fósiles y al calentamiento global. No
obstante, muchos científicos e instituciones reconocen que su energía y su
impacto en el medio ambiente serán limitados o incluso negativos. Todo el mundo
de los negocios está apresurándose a invertir en este nuevo mercado que está
compitiendo directamente con las necesidades alimenticias de las personas. Los agrocombustibles
industriales son un sinsentido económico, social y medioambiental. Su
desarrollo debe detenerse y la producción agrícola debe enfocarse
prioritariamente hacia la alimentación."
Pensaba que si iba bien de
tiempo, debería denunciar también las grandes cantidades de tierra que se están
dedicando al cultivo de eucaliptos para la producción rápida de papel, y que
como cualquier otro monocultivo sólo genera pobreza. "Los campesinos
necesitan la tierra para producir comida para su comunidad y su país. Ha
llegado la hora de llevar a cabo auténticas reformas agrarias para permitir que
los pequeños campesinos den de comer al mundo."
Pasaron por fin los 30 minutos
que le habían otorgado a cada ponente. Habían hablado ministros de agricultura
de diversos países, ministros de desarrollo rural, cargos de la propia FAO y
del Banco Mundial. El moderador presentó a Henry indicando que por primera vez
en un foro de estas características se contaba con una voz representativa de
los campesinos y campesinas, de la agricultura familiar. Pero lamentablemente
el tiempo se les había echado encima y el aperitivo los esperaba.
-Le ruego al señor Henry Sarahig
que tenga la bondad de concentrar su intervención en ocho minutos- dijo:
"No se preocupe",
expresó Henry. Tomó el papel que llevaba en la mano y se lo llevó a la boca
para comerlo. Finalmente lo escupió, y de frente sentenció: "Los
agrocombustibles o el papel no se comen. Sus discursos, su palabrería de buenas
intenciones, tampoco solucionan nada. Muchas gracias".
Le sobraron siete minutos.
Gustavo Duch
Director de Veterinarios Sin Fronteras. España