EL CORREO VASCO

ARTÍCULOS

La ruta del tomate

20.10.2007 -

GUSTAVO DUCH GUILLOT

El pasado martes -16 de octubre- se celebró el día consagrado por las Naciones

Unidas al Derecho a la Alimentación. La falta de una alimentación suficiente es una

de las vergüenzas con las que nos levantamos y transitamos los 365 días del año. Las

fórmulas para combatir pobreza y hambre son sencillas pero faltan la ética y audacia

suficientes para reconocer que el modelo de sociedad capitalista existente es la

raíz de estos (y otros) males. La agricultura capitalista se ha industrializado

pensando sólo en los beneficios mercantiles provocando la ruina de las familias

dedicadas a la pequeña agricultura o ganadería campesina, mayoría en los países del

llamado Tercer Mundo y minoría en constante resistencia en nuestros países. Las

(pocas) normas políticas de regulación existentes al respecto sólo agudizan el

problema pues su diseño favorece la competencia y el dumping entre esos mismos

campesinos y las grandes corporaciones de la alimentación, tanto en el sector

productivo como en el de la distribución, rematando así la faena.

Irrita observar cómo algunas de estas mismas multinacionales quieren engañarnos, por

ejemplo vendiendo productos 'verdes' alardeando de su sensibilidad para con el medio

ambiente o promocionando productos de 'comercio justo' y sus efectos solidarios.

Estrategias farsantes fáciles de desenmascarar. No es difícil encontrarnos café de

comercio justo de las mismas empresas estrellas del precio injusto (pagan una

miseria a los cultivadores de café y nos cobran a los consumidores precios muy muy

superiores). O tropezar con hipotéticos tomates ecológicos en supermercados

cómplices de la asesina globalización alimentaria. Pasen de la sección de verduras a

la pescadería y encontrarán por ejemplo perca del Nilo a menos de 8 euros el kilo.

La perca es uno de los casos paradigmáticos del expolio de los bienes naturales que

sufre África. Mientras dos millones de personas junto al Lago Victoria, donde se

pesca la perca, pasan hambre, la maquinaria del negocio nos ofrece dos millones de

raciones de perca a diario para disfrute de la población europea.

Para acabar, tampoco el 'ecologismo' de los pobres tomates nos sirve, porque son

producidos bajo el mismo esquema de agricultura industrial identificada antes como

amenaza para el pequeño campesino. Su única diferencia será que quizás no hayan sido

tratados con pesticidas, pero se han cultivado con horas de trabajo basura, con uso

exagerado de agua, para, después de recorrer muchos kilómetros (con su contaminación

correspondiente), llegar a destino compitiendo, gracias a sus mejores precios, con

los tomates producidos en pequeñas huertas familiares del campesino local.

Estemos atentos entonces a estos mecanismos perversos retocados con el pincel verde

de la ecología o del comercio justo, que no sólo no cuestiona el modelo sino que

utiliza nuestros ideales para perpetuarlo.

Gustavo Duch

Veterinarios sin Fronteras